martes, 6 de enero de 2009

Sonidos brillantes

La conocí mientras soñaba al sur de Francia, exactamente en un pueblecito pirenaico que se llama Luz-Saint Sauveur. Es un lugar mágico que lo visito cada año en época de verano. Al contrario que los pueblos cercanos al mar, los lugares pirenaicos recuperan la magia de la tranquilidad en verano cuando los esquiadores se encuentran bronceándose en tierras mediterráneas. Recuerdo que era más o menos medianoche en el mes de julio. Como bien sabéis el pirineo francés tiene la característica del contraste de temperatura en verano, durante el día te sobra la ropa y a la noche necesitas ir acompañado siempre de una chaqueta.

Habíamos cenado tranquilamente en un restaurante con una cristalera gigante donde veíamos todos los pirineos y un río por el que bajaba un gran caudal gracias al deshielo de las montañas. Después de varias miradas de complicidad y nuestras mentes pensando ya en la intimidad, decidimos bajar hacia el río para sentir la corriente de la naturaleza y la tranquilidad.

Yo iba con unos pantaloes cortos, botas de monte y una chaqueta oscura de lana. Barba de tres días y una tranquilidad desconocedora por aquel entonces. Ella iba preciosa, una falda negra como su pelo, unos zapatos blancos dejando ver su gusto por el buen vestir y una chaqueta clara que contrastaba con el brillo de su fular negro con transparencias.

Era un deseo hecho realidad, vacaciones, sin problemas, sin preocupaciones y un lugar maravilloso con la chica que siempre regresa a mis sueños. Allí nos sentamos, en una pequeña piedra donde justo entrábamos los dos. Nos agarramos por la espalda y estuvimos un rato largo hablando de nuestras vidas, nuestras metas, objetivos y preocupaciones entre miradas y sonrisas. Aunque también hubo momentos para fijarnos en el río mientras el sonido del agua chocando contra las pequeñas rocas nos hacía cada vez más soñadores.

Una vez ya en Vitoria me encontré con esa imagen retenida en mi mente y le dediqué el siguiente escrito:


Sonidos brillantes.

Suenan mis palabras
tiembla tu mirada
suena tu voz
nace mi sonrisa.

Brilla la luna en lo alto
oculta entre montañas
brillan mis sueños
atrapados por la espalda.

Suena el viento pirenaico
moldea tu pelo
suena el río
miradas de complicidad.

Brillan las sombras
muestran nuestros cuerpos
brilla tu melodía
ilumina mi vida.

Ander.




Gracias Ana, por hacerme soñar.
Que fácil puede ser todo
en un sueño hecho realidad...

1 comentario:

JOHNNYBGOOD dijo...

Si me permites el atrevimiento de mi visita de cortesía.
Una chica muy guapa, unos ojos preciosos, suficiente como para hacer aflorar los sentimientos mas sinceros y puros a un hombre, seguro que es una chica realmente especial no la dejes esapar nunca, aunque tengas que pedalear mil puertos de montaña.

Enhorabuena eres un tio afortunado