
Mi vida siempre me ha parecido un vaivén cíclico de comportamiento volcánico. Por suerte o desgracia me ha enseñado a estar siempre con la ceja izquierda levantada aunque la meteoróloga me siga asegurando que en varias semanas la mar estará tranquila. Todo esto tiene su parte positiva y su lado más negativo. Nunca se consigue disfrutar de una manera completa las situaciones felices pero en cambio estoy siempre preparado con mi vieja espada afilada para luchar contra situaciones inesperadas.
Cuando la fuerte marejada llega a su fin y tengo tiempo de sentarme en las piedras costeras y observar el paisaje marítimo con olores de salitre siempre pronuncio en silencio la frase que más me gusta de mi amigo Bunbury. "No fue bueno pero fue lo mejor, todo o casi todo salió de otra manera". Antes era incapaz de llegar a este punto en el desarrollo de mis situaciones personales pero últimamente siempre he visto el lado positivo a los golpes que me han lanzado. Quizás sea que tanto escuchar Flamingos se me ha terminado pegando la sabiduría de encajar los golpes y utilizar el gancho de izquierda mientras presumo de mi gran juego de piernas.
La vida avanza, quizás más rápido de lo esperado, pero cada vez que voy conduciendo a última hora de la tarde hacia casa me voy dando cuenta de que las lecciones diarias aprendidas son muchas y valiosas. Lo más importante sin lugar a dudas es preparar una defensa que haga contrarrestar en un futuro el golpe emitido por mi oponente.
Quizás el momento "X" y la hora "Y" están muy cerca de su comienzo. Después de tanto tiempo de vacaciones perdidas y chicas eliminadas instantaneamente, haya llegado el momento de comenzar el reto. El entrenamiento ha sido duro como Maljkovic hacía los entrenos en Yugoslavia en tiempos pasados. Creo que el personaje de la actitud continuada ha terminado atrapando a mi persona. ¿Para qué voy a seguir caminando con máscara si es idéntica a mi rostro?.
Me gustaría inmortalizar este momento vivido con esta canción de Hilda Lizarazu que tantas veces llevo escuchando hoy. Gracias Hilda por acompañarme y por hacerme apostar en esta nueva etapa.
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